Es importante no olvidarse de los llamados micronutrientes, capases de ofrecer energía, como los azucares, las proteínas y las grasas. Diversas investigaciones han demostrado que una alimentación insuficiente, demasiado pobre en calorías, favorece un mayor riesgo de infecciones.
A los niños que comen realmente poco, vale la pena ofrecerles a menudo alimentos con alta densidad nutritiva capaces de aportar energía y nutrientes aun cuando sean consumidos solo en pequeñas cantidades.
Como por ejemplo:
el huevo los quesos duros, pero también y hasta los pastelillos, siempre que se escoja entre los mas sanos: los que en primer lugar de su lista de ingredientes mencionan la harina (y no las grasas o el azúcar).
Es igualmente que la alimentación diaria sea bien equilibrada.
Un exceso de grasas reduce la eficacia de las reacciones inmunológicas y aumenta el riesgo de infecciones: un consumo abundante de pescado, un poco de fruta seca y una cantidad limitada de aceite de oliva como condimento, aseguran al organismo de los niños la cantidad suficiente de ácidos grasos poli insaturados (en particular los llamados esenciales muy útiles para el organismo), sin desbalancear su dieta.
LAS BACTERIAS BUENAS QUE NOS AYUDAN
Otro alimento utilísimo para prevenir la enfermedad de invierno es el yogur: los fermentos lácticos que contiene, no solo ayudan a mantener el equilibrio de la flora intestinal sino que también estimulan directamente al sistema inmunológico y la producción de anticuerpos.
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